sábado, 18 de abril de 2009

Oigo aquel soplo...

y me acuerdo de tantas cosas.

Porque me he convertido en una persona tan rígida en el sentido de mi sexualidad.
Yo hablo de sexo, demasiado... Pero solo con mis amistades cercanas.

Se me hace difícil incluir gente a este foco.

Me he dado cuenta que la mayoría del sexo que escribo en estas lineas es entre yo y figuras fantasmales que salen de mis agujeros nasales y se elevan por el mundo.

Acaso me he vuelto en un ser Autosexual...
Solo yo me puedo dar la satisfacción requerida.

Es curioso, porque en los charcos de soltería me vuelvo en un pajero de costumbre.
En este caso no, me doy mi ocasional frotada, pero ahora la musa de ese acto es el de quererme ami.

Nunca me he dado el tacto con tal disfraz.
Hay noches donde oigo el cantar de un saxofón y la suave caminata en un piano dulce, y me pierdo en mi.
Todo el dolor a mi alrededor se concentra en mi miembro, en la punta de este.
Un dolor que se agudiza con la tensión sanguínea y necesito resolverlo con el frote.
Toda mi esencia se pasa a mi mano izquierda y juega con mi dolor.

Esta esencia grata que quiere sacar todo lo malo y corrupto de mi ser.

Nada se debe sacar si esto es parte de ti.
Pero es bueno concentrarte en dos puntos que se frotan constantemente.
Creando así una fricción que causa placer.
Que placer divino, hermosa redundancia manual que revuelve a todo receptor de sensaciones en el cuerpo.

La autosexualidad es tan rica en emociones que solo un yo puede comprender.
Un acto de autosexualidad es mil veces mas honesto que compartir tu cuerpo con otra persona.

Solo un yo comprende mi verdadero gusto en el sexo.
Solo un yo...

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