Chófer Seguro a la guagua dale duro.
Así cantaba yo en una manada de monitos iracundos gritando hasta encabronarle la vida al chófer que me llevaría a Ponce por primera vez.
Hoy hablare de otro chofer. Le daré un nombre.
Eugenio Rivera.
Eugenio no sabe como termino sentándose en la plaza publica de Rio Piedras llevando a viejetes o a universitarios a lugares lejos de Puerto Rico.
Eugenio casi ni recuerda su educación, se acuerda de su escuela superior y como al ritmo de una swing en su cabeza perdía su virginidad en el baño de la escuela superior. Nuestro chofer nunca fue un personaje muy importante. A lo largo de su vida siempre fue personaje secundario. Por primera vez en su misera existencia yo lo convertiré en un personaje clave. Le dedicare esto.
Eugenio a lo largo de su escuela superior tuvo una afinidad por los cigarrillos Marlboro, eso lo fuman los vaqueros y Eugenio de Vaquero lo que le falta es el apellido Wayne. Después de la escuela superior usaba sombrero y fumaba debajo de un Roble en un campus de una universidad.
Al ingresar a la universidad adquirió una importancia. Seria el que saldría a flote del barrio. Cumpliría todo deseo de superación de su padre y enorgullecería a su madre que se encontraba en silla de ruedas por caerse mientras limpiaba ventanas.
¿Eugenio Rivera que seras cuando seas grande? Le pregunto este carismático profesor de Historia en su noveno grado. Eugenio miro por la ventana y mientras el sol mañanero iluminaba sus ojos, Eugenio dijo... "Yo seré grande... todos me recordaran."
El maestro asombrado por la ambición poética de este niño decidió ir el triple de fuerte... de que valió. El maestro pensaba que Eugenio tendria el potencial de cambiar al mundo... repito de que valio...
Exploto la guerra de Vietnam Eugenio abandono sus estudios. Se encontró en la jungla con un fusil en la mano matando vietnamitas. Los rifles dictaban la canción de muerte. Llamaban al mismo Ángel de la muerte a buscar todas las almas perdidas. Cada vez que se cambiaba el peine Eugenio se eñangotaba y le pedía a la Virgen de La Providencia que hoy no sea su muerte.
La guerra termino muy rápido para el. Entre los matojos salio una bala le perforo la batata. Su compañero de combate Sánchez le dijo que se hiciera el mas dolido para que lo mandaran pa' tras. Eugenio gasto su tiempo de servicio en el hospital infectándose la herida mientras sus colegas morían o eran desmembrados por tiros y explosiones. Que viva la patria...
La guerra termino. Eugenio regresa para ver un Puerto Rico cambiado y para encontrarse en una adicción a la cocaína que le duraría hasta que viera a la virgen plasmada en el Diez que se compraría en una noche de soledad rodeado de amigos viciosos.
La misma virgen que lo protegió en la guerra le decía en el perico que saliera de ese vicio. Eugenio trato de volver a estudiar, pero no pudo. Se encontró trabajando en construcción y jugando el mismo numero cada vez que jugaba en la lotería.
Termino pegándose con un premio pendejo, no se gano el millón pero se gano suficiente para darle la vuelta a la isla en guagua publica.
Eugenio se encontraría entre un estudiante universitario que iria a visitar a una novia en Quebradillas que le ha pegado los cuernos con media plaza publica y un señor retirado que quiere ver que hay fuera del área metropolitana.
Eugenio pensó en ser el chófer de los sueños, el que llevaria gente de su vida cotidiana para alguna aventura desenfrenada.
Como el chófer compro la guagua, no lo sabemos. Pero la mirada que le dio a este serividor cuando le pregunte si me llevaria a Ponce a ver a mi Ponceña, me conto toda una historia de heroísmo y tragedia... lastima que me hubiese desilusionado diciendo VEINTE PESOS!...
Eugenio Vete al carajo.
-Rayno.
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jajajajaja LOL
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