De rodillas en el baño y tu frente ami. Jugando con mi lengua en tus fríos labios. Acariciaba tu cuerpo pequeño y pesado con mucho nerviosismo. Buscaba una pequeña pizca de arrepentimiento para dejarte en el piso tirada...
¿Porque siempre escogía los baños para estos momentos de intimidad?
Nunca lo supe contestar, eran cosas de la vida. Inconvenientes que se tenían que resolver en la privacidad del baño. Una privacidad clausurada y propensa al ruido. Me gustaba la intimidad de un baño, era algo esperanzadora. Me gustaba escuchar los gemidos con el sonido muy peculiar que resaltaban las paredes. En unos casos jalaba la cadena del inodoro mientras me revolcaba con una chica en el piso de algún baño asqueroso.
Yo era de esos que les gustaba meterse en el baño y perderse por horas en ideas del ayer. Si hacia mucho frió dormía en el baño, si hacia mucho calor dormía en la bañera con el agua corriendo. Cuando me quedaba en el apartamento de alguien me gustaba dormir en el baño. Había algo en ese espacio tan poco frecuentado. El espejo grande, las paredes breves pero muy unidas, el diseño de baño, y la apariencia. Estos espacios eran tan arreglados para luego ser olvidados hasta que le volvieran a dar ganas de cagar a uno.
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Aquí en el baño de mi hogar te tengo entre mis dedos, llevo ya mas de una hora con tu boca dentro de la mía, y me pongo a pensar de lo mucho que deshacía en los baños. Quizás la razón por la cual hoy estas aquí se debe a una metida de pata que di en un pasado aquí.
Mis dientes se apaciguan con el roce que hace tu frío metal con ellos. Mis dedos se consuelan con toda tu parta trasera. Mis ojos se desquitan soltando las ultimas lágrimas. Mi cuerpo se remenea, se orina, se sacude, se trinca, y se enmudece para enfocarse en solo una parte de este. Mi cuerpo se reprime a la sensación de todo su conjunto de ciento ochenta libras y seis pies para concentrarla en un dedo, el anular de la mano derecha.
¿Con que derecho este dedo tiene la encomienda de anular 23 años de jodiendas?
-Con el derecho de salir del mas acá.
Así mismo mis dientes se quiebran con tu cañón, me vuelvo a orinar, y me doy un ultimo remeneo.
Tu me regalas un túnel de la parte del fin de mi boca hasta mi nuca. Unas seis u ocho pulgadas de longitud, una verdadera desgracia para la balística, quizás si hubiese apuntado para arriba podrías haber mostrado tu calibre y tu habilidad parar perforar cráneos.
Quizás...
Cualquier cosa dirán que me volví loco con la cocaína... Pero tu y yo sabemos a quien se debe esto...
sábado, 5 de septiembre de 2009
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