Bajo aquella palma sin cocos me senté y con ánimos soñolientos de este mundo me despegue. Solía acurrucarme bajo la sombra de algo y dejar que el sol corriera por el cielo sin interrupción. Te confieso que yo puedo parar al sol. Con solo mirarlo fijamente puedo alargar el tiempo. Mi habilidad de prolongar el instante y estirarlo como chicle ya se andaba gastando, me resultaba cansona. Dado a esto me propuse dejar que el tiempo fluyera a su naturalidad...
Las tonalidades verdes de la palma formaban un gran contraste con el cielo del atardecer y la relajación de estos verdes amarillentos saltando a azules colorados me causaban sueño. El verde profundo de la Sierra de Luquillo, el amarillo candente de unos guineitos en la plaza del mercado. La memoria comenzaba a saltar y mis ojos caían. El tiempo dejaba de caminar y comenzaba a trotar...
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Me levanto rodeado de algunos conocidos. Gente de unas vivencias pasadas, y de un aspecto particular. Hombres altos con barbas incoherentes, mujeres con curvas grotescas, y mi figura entre bostezos. Mis ojos azules como la indiferencia del mar ahogaban el dialogo de aquellos jóvenes disidentes. Aquellos compañeros dolientes de la cotidianidad me invitaban a un movimiento de oposición. Mis pesados párpados ignoraban el contexto de dicha causa. Mi azul indiferencia ahogaba el patriotismo y aseaba aquellos rizos entre las barbas de mis compañeros.
Poco a poco veia como los camaradas de la prerevolución me mostraban la costura. Se cosían entre si con agujas de plata e hilos de algodón. La revolución de la pubis los había convertidos en rebeldes, y su rebelde adolescencia los trajo a las barbas y los rizos. Su órbita se aferraba a la bohemia plazeña, la poesía masticada, y la particularidad en si primitiva esencia.
El pubis revolucionario deshacía toda noción de orden. La anarquía se encaramaba a la vertebra del individuo y el socialismo se ataba a la lengua del sujeto. Mi conservador sueño tildaba de fantasiosos a todos aquellos idealistas. Mi presencia era mucho mas disidente a su pequeña utopía de ideas coloridas que su atentado de liberación a mi espacio controlado.
La paz, el amor y el canabis comenzaron a rodar bajo aquella palma. Mi cansancio se apoderaba de mi y la efervescencia de la opinión comenzaba a tener un mal olor. La guitarra de uno de ellos tocaba la melodía de alegría pero anunciaba un golpe. Mis ojos cayeron, la yerba llego a mis manos y en el momento que la acerque a mis labios ignorantes, ahí fue cuando caí dormido. El cansancio me venció y esa completa rueda de ideas se me hizo irrelevante.
Cuando volví a abrir los ojos me encontraba solo. Esta soledad era todo lo que pedía cuando deje de joder con el sol...
sábado, 12 de septiembre de 2009
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me gusto mucho mucho...
ResponderEliminarhay ocasiones que por más que crean que buscamos o deseamos solo es la soledad lo que se tiene realmente
two thumbs up :)