jueves, 5 de noviembre de 2009

El Lamento de las manos

Escribo porque no se que mas hacer, personalmente quiero que el tiempo se me deslice de los dedos como las letras forman palabras.
Una simple quintaesencia con deseos de hacer algo, tengo tres quemaduras en mi cuerpo. Dos de cigarrillo y una de ineptitud al correr bicicleta. Soy desapercibido, errante, y molestoso... personalmente por mas cliché que suene soy mi peor enemigo y mi mejor amigo.
He perdido la sensualidad de jugar con las letras, he derramado las musas sobre los textos históricos... una vez mas... me encuentro en un boquete sin fin...
Esta vez.... tengo hambre.

Aquí me encuentro preguntándome que ha pasado en los últimos días, que debería escribir para mantener un flujo constante y lo único que se me ocurre es sazonar la miseria de una falta de opinión. Sí, estoy perdiéndome poco a poco y el todo que revuelve a mi alrededor me consume, volviéndome en la nada.

Soy el cenicero de mis malos momentos, soy ese cuerpo de cristal donde apago mis frustraciones... soy un personaje mal hecho e inconcluso... soy... simplemente los desechos de mil ayeres y cien mil mañanas. Recogiendo los pesares como algodones para quemarlos y eximir ese crudo olor que solo anuncia la vida misma.
Que mucho lamentan estas manos, que hoy mañana y siempre seran la vanguardia de toda experiencia. Que mal siente una de apagar el cigarrillo en la otra... dos hermanas siamesas compitiendo por la preferencia de un cuerpo inexacto y trágico que como ellas anda en guerra con otros cuerpos.

¿Cúal es el fin? Si, es predecible como el amanecer... pero con estas manos que colaboran en la escritura tengo que brindarle el fin a esas que son errantes entre sí, pos aquel armado no pudo apaciguar sus manos... y entre ellas tomaron cuchillos y antorchas... dando fin al cuerpo que las unia.
Así termina todo... así comienza otro, y en la sangre que los mancha esta la evidencia.

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